Mari vivió la mayor parte de su vida endeudada.
Trabajó duro, pagó intereses altísimos, cumplió con todo el mundo… menos con ella misma.
Durante años creyó que el problema era que no trabajaba lo suficiente, cuando en realidad nunca le enseñaron a pensar como inversionista.
A los 55 años tomó una decisión distinta: dejó de vivir para pagar deudas y empezó a tomar decisiones que le dieran paz.
Hoy su casa está paga, tiene seis ingresos por arriendo y, por primera vez, claridad financiera.
Este episodio no es solo sobre bienes raíces.
Es sobre cambiar el pensamiento, sanar la relación con el dinero y entender que nunca es tarde para empezar bien.
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